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Sobre programas electorales y su aplicabilidad.

Como no puede ser de otra manera cuando Donald J. Trump está de por medio, un caluroso debate está teniendo lugar estos días sobre las recientes órdenes ejecutivas, en base al cumplimiento del programa electoral del que fuera candidato republicano una vez ha tomado posesión de su cargo como 45º Presidente de los Estados Unidos de América. Muchos lo defienden, diciendo que hay que cumplir el programa electoral ante todo. Es la visión confundida de un programa electoral como una especie de contrato con los -potenciales- votantes.

Pero un programa electoral no es un contrato. No lo es porque no hay una negociación previa entre partes, no hay obligación mediante firma de ningún tipo. Por otra parte, como comentaba un día con un amigo politólogo, un programa electoral está hecho para captar votantes, pero cuando alcanzas el gobierno, eres el presidente de todo el país, no solo de tus electores, y guste más o menos, en política entran en juego lo que se conocen como ‘stakeholders’ o grupos de interés, como pueden ser lobbies, agentes políticos y sociales; en definitiva, otros sectores de la población que, en demasiadas ocasiones, marcan la agenda política.

Por otro lado, un programa electoral está sujeto a posibles restricciones. Una es la del tipo de sistema político: no es lo mismo aplicar un programa electoral en un sistema presidencialista que en uno parlamentario, mucho menos si es en minoría.

Otra restricción es la que tiene que ver con el Estado de Derecho. Un programa electoral aguanta todo, como el papel en el que se expone. Pero no por ello todo lo que en él se encuentra escrito puede ser llevado a cabo. Existen instituciones que cortan, precisamente, las ansias de poder autoritario de algunas figuras políticas, mediante la división de poderes, por ejemplo. El Poder Judicial sirve de contrapeso del Ejecutivo y Legislativo. De ahí que surgiera como institución contramayoritaria, las cuales sirven precisamente para proteger las libertades de las minorías. Al igual que si un presidente adoptase posturas que pudieran llegar a traspasar la frontera de la Ley.

Por tanto, los que toman un programa electoral como algo de obligado cumplimiento pueden seguir en su fantasía, pero nada tiene que ver con la realidad. Ahora bien, esto tampoco evoca a que un gobierno incumpla todo el programa, como ha ocurrido en algunas ocasiones. En esto también hay un término medio.

Pues bien, si Trump excede la Constitución estadounidense con alguna de sus órdenes ejecutivas, o por otro lado, se salta el procedimiento y las competencias del Congreso, deberá ser parado por la división de poderes. Y ahí es donde veremos hasta dónde es capaz de llegar, si respeta las reglas del juego, o como populista que es, cree que encarna la voluntad del Pueblo y culpa al no-Pueblo de todos los males de EEUU.

David Muñoz Lagarejos

David Muñoz Lagarejos

Graduado en Ciencia Política y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos. Estudiante de Economía en la UNED. Liberal por voluntad propia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por todo tipo de ideologías colectivistas.

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